UNAM identifica los meses críticos para contingencias ambientales en el Valle de México y prevé más episodios en 2026
Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advirtieron que más de la mitad de las contingencias ambientales en el Valle de México se co…
Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han determinado que más de la mitad de las contingencias ambientales en el Valle de México se concentran entre los meses de febrero y mayo. Este patrón se atribuye a una combinación específica de condiciones meteorológicas y la presencia constante de contaminantes en la atmósfera.
El Dr. José Agustín García Reynoso, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, explicó que durante este periodo primaveral se presentan alta radiación solar, estabilidad atmosférica, escasa ventilación y ambiente seco. Estos factores favorecen la formación de ozono, el principal contaminante que activa las contingencias en la Zona Metropolitana. En contraste, los meses de verano y otoño registran menor incidencia, mientras diciembre y enero presentan episodios asociados principalmente a partículas finas, influenciadas por inversiones térmicas y pirotecnia.
El especialista adelantó que el año 2026 podría registrar un aumento en episodios de mala calidad del aire, ya que se prevé que será un año cálido con predominio de cielos despejados y vientos débiles, condiciones propicias para la acumulación de contaminantes.
La geografía juega un papel fundamental en este fenómeno. El Valle de México es una cuenca rodeada de montañas, una configuración que dificulta la dispersión de los contaminantes. La intensa radiación solar favorece reacciones fotoquímicas que producen ozono a nivel del suelo.
Según el registro histórico del Programa de Contingencias Ambientales Atmosféricas (PCAA), el Valle de México ha registrado más de un centenar de contingencias desde 1988. Los años con mayor actividad han sido 1993, 2016 y 2024, cada uno con 10 o más eventos. El ozono (O₃) ha sido el contaminante principal en 88 contingencias, seguido por las partículas PM2.5 (9 eventos) y PM10 (7 eventos). Un caso excepcional ocurrió el 14 de mayo de 2019, cuando se activaron simultáneamente contingencias por PM2.5 y ozono.
García Reynoso aclaró que la formación del ozono es un proceso complejo. Aunque el parque vehicular es una fuente importante al emitir óxidos de nitrógeno, el ozono se forma a partir de reacciones entre estos compuestos y los Compuestos Orgánicos Volátiles (COV). Estos últimos provienen de fuentes diversas como el uso doméstico de gas, pinturas, solventes, actividades industriales, fugas de gas LP, quemas agrícolas e incendios forestales. El crecimiento urbano también influye al incrementar la demanda de transporte y la congestión vehicular.
La exposición a altos niveles de contaminación representa un riesgo significativo para la salud pública. Puede provocar irritación en ojos y vías respiratorias, empeoramiento del asma y enfermedades pulmonares crónicas, incremento de la presión arterial y mayor riesgo de eventos cardiovasculares. Las partículas finas pueden penetrar profundamente en los pulmones y aumentar la carga de trabajo del corazón.
Frente a este desafío, los especialistas recomiendan acciones ciudadanas como usar la energía eléctrica de manera eficiente, dar mantenimiento a vehículos y calentadores de gas, evitar quemas, reducir el consumo innecesario de combustibles fósiles, optar por transporte público o movilidad sustentable, y minimizar la exposición al aire exterior durante episodios críticos.
