Junio y la encuesta de Gobernarte
Mientras muchos estados se adaptan al proceso electoral, también hay entidades que, pese a eso, muestran datos contundentes en torno al trabajo institucional que llevan a cabo. Uno de esos...
Mientras muchos estados se adaptan al proceso electoral, también hay entidades que, pese a eso, muestran datos contundentes en torno al trabajo institucional que llevan a cabo. Uno de esos funcionarios, que además ha mantenido un paso sólido durante meses, es el gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo. Su cercana relación con la población, evidentemente, le permite concretar un esquema de políticas públicas que trazó desde un principio. Con el tiempo, efectivamente, nos hemos percatado de que esa labor no solo ha rendido frutos, sino que impacta en las evaluaciones que realizan distintas metodologías encargadas de medir el termómetro social. De hecho, esas cifras constantemente dinamitan una serie de opiniones, mayormente porque han sabido sostenerse cuando muchos otros, estando en la antesala de su culminación, experimentan un desgaste natural que produce el ejercicio del poder. Eso depende de muchos factores a la hora de arrojar los resultados de las entrevistas que se aplican a la gente.
Lo de Ricardo Gallardo, a estas alturas, debe ser leído como un ejercicio que ha sabido sostenerse y, por ende, sigue produciendo comentarios positivos. Además de ello, eso nos anticipa que sigue habiendo mucha capacidad para resolver las situaciones que aquejan a la población. Ricardo Gallardo, desde el primer día que tomó posesión, ha sido un aliado de la ciudadanía; es decir, escucha las solicitudes y, asimismo, responde a cada una de ellas con trabajo. Todo eso, por su parte, lo mantiene firme. Me refiero a que las encuestas, ahora que juegan un papel relevante como mecanismos que demuestran la realidad, podemos observar la efectividad de la administración estatal de San Luis Potosí. Llama la atención, por ejemplo, la metodología que mes con mes aplica Gobernarte. Esta calificadora, está comprobado, ha ratificado que es un método confiable al que, por cierto, siempre ha ofrecido números concretos en base a una lectura de los quehaceres.
A sabiendas de que las evaluaciones califican la labor, el trabajo, la rendición de cuentas, la transparencia y el esquema de políticas públicas que se concretan, hay una rigurosa interpretación. El papel de Ricardo Gallardo, queda sobreentendido, ha sido confiable y honesto. Para no ir más lejos, sigue conservando el primer lugar con casi el 70 % de aprobación. Hablamos de un desempeño que sigue generando desarrollo, progreso y bienestar. De hecho, todo eso será particularmente relevante y factor a considerar ahora que entramos a una fase de definiciones. Me refiero al ejercicio que enfrentará cada fuerza política ahora que se avecinan las elecciones para gobernadores en diecisiete entidades federativas. El Verde, por ejemplo, tiene bien claro cuáles son sus alcances y su capacidad para movilizar, eso sí, manteniendo un paso contundente. Al contar con una estructura como esa, y haciendo cálculos, el PVEM ganará nuevamente en San Luis. Los estudios, de pies a cabeza, ponen en condiciones inmejorables a la senadora Ruth González.
Más allá de ese punto —que sin duda mantiene su relevancia—, la encuesta de Gobernarte evidencia que varios mandatarios estatales atraviesan uno de sus momentos más sólidos en términos de claridad política y estabilidad. Entre ellos se encuentra el gobierno de Evelyn Salgado, cuya administración, pese al tiempo transcurrido, continúa consolidándose como una de las más eficientes del país.
A escala nacional, la gobernadora de Guerrero registra un 58 % de aprobación, cifra que la coloca en el sexto lugar entre los ejecutivos estatales mejor evaluados. Ese respaldo no es casual: responde a una serie de acciones y a la convicción de impulsar la transformación, una responsabilidad que Salgado ha asumido con firmeza.
Se trata de un gobierno que no solo actúa, sino que también ofrece soluciones concretas a quienes más requieren apoyo. Esto demanda planeación, visión y una estructura de proyectos que, desde el inicio, comenzaron a hacerse visibles conforme se implementaron los ajustes necesarios para garantizar un funcionamiento óptimo.
Un ejemplo paralelo es el del gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar. Al concluir este año habrá cumplido veinticuatro meses al frente del estado, siempre actuando con responsabilidad y aplicando políticas públicas con rigor. En este periodo, la calidad de vida en el sur del país ha mostrado avances palpables gracias a una estrategia de trabajo centrada en las necesidades prioritarias de la ciudadanía.
Desde el inicio, Ramírez Aguilar comprendió que su administración solo podría diferenciarse si la apuesta era de gran alcance: reforzar la seguridad, consolidar los programas sociales, impulsar la educación y garantizar una planeación eficiente en materia de salud. Bajo esa visión, el Jaguar, como se le conoce, ha logrado mantener un nivel de aprobación significativo entre la población. Hoy cuenta con un 56 % de respaldo, cifra que refleja dedicación absoluta.
Ese desempeño explica por qué Ramírez Aguilar permanece firmemente ubicado en el top 10 de los gobernadores mejor evaluados del país, consolidando un liderazgo que, lejos de debilitarse con el tiempo, se fortalece y se afianza.
Por: Javier Lozano
