El gobierno de Yucatán ha colocado a la pesca y la acuacultura como pilares de su agenda climática, en un esfuerzo por conciliar la actividad productiva con la adaptación y mitigación del cambio climático. La medida responde a la vulnerabilidad del sector pesquero ante fenómenos como el aumento de la temperatura del mar y la acidificación oceánica, que afectan las poblaciones de especies comerciales, así como a la necesidad de diversificar las fuentes de ingreso de las comunidades costeras.
De acuerdo con funcionarios estatales, la estrategia busca integrar prácticas sostenibles en la pesca artesanal y fomentar la acuacultura como una alternativa de producción de alimentos con menor huella ambiental. Se prevé la implementación de técnicas de cultivo de peces y crustáceos en sistemas controlados, que reduzcan la presión sobre los recursos marinos y generen empleos estables. Además, se contemplan acciones de restauración de manglares y pastos marinos, ecosistemas clave para la mitigación del cambio climático y la protección de la biodiversidad.
La agenda incluye también la promoción de la pesca responsable mediante el uso de artes selectivas que eviten la captura de especies juveniles o en veda, y la capacitación de pescadores en buenas prácticas ambientales. Organizaciones civiles han señalado que estos esfuerzos deben ir acompañados de una regulación efectiva y de mecanismos de financiamiento que permitan a las comunidades adaptarse a los impactos climáticos.
Yucatán es una de las entidades con mayor litoral en el Golfo de México y su economía depende en parte de la pesca, principalmente en puertos como Progreso, Dzilam de Bravo y Celestún. La acuacultura, por su parte, ha mostrado un crecimiento moderado en los últimos años, con cultivos de tilapia y camarón. Sin embargo, enfrenta desafíos como la disponibilidad de agua dulce y la competencia por el uso del suelo.
El Plan Estatal de Cambio Climático, recientemente actualizado, reconoce a la pesca y acuacultura como sectores prioritarios para la adaptación. Se han destinado recursos federales y estatales para proyectos piloto de acuacultura sostenible y para el monitoreo de condiciones oceanográficas. Expertos locales advierten que, sin una transformación profunda del modelo productivo, las comunidades pesqueras quedarán expuestas a la pérdida de medios de vida y a la migración forzada.
En el ámbito internacional, la inclusión de la pesca en las agendas climáticas ha cobrado relevancia. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha señalado que los océanos absorben gran parte del dióxido de carbono y que una pesca sustentable puede contribuir a la seguridad alimentaria y a la reducción de emisiones. En ese contexto, Yucatán busca posicionarse como un laboratorio de prácticas que puedan replicarse en otras regiones del país.
La apuesta por la pesca y la acuacultura como centro de la agenda climática implica también retos institucionales. Se requiere fortalecer la coordinación entre la Secretaría de Pesca, la Secretaría de Desarrollo Sustentable y los municipios costeros. Asimismo, se necesita involucrar a las cooperativas pesqueras en la toma de decisiones, pues son ellas quienes conocen de primera mano las transformaciones del ecosistema marino.
Por ahora, el gobierno estatal ha anunciado la creación de un consejo consultivo que integrará a investigadores, productores y organizaciones ambientales. Este consejo tendrá la tarea de diseñar rutas de acción frente a fenómenos como la sargazo, los huracanes y la disminución de la captura de especies tradicionales. La expectativa es que, a mediano plazo, Yucatán pueda mostrar avances concretos en la reducción de la vulnerabilidad climática de sus comunidades pesqueras y en la consolidación de una acuacultura limpia y rentable.
