Historiadores analizan el papel de Veracruz como puerto de entrada de la migración francesa en la construcción del México moderno
Los historiadores Javier Pérez Siller y Gerardo Medina Reyes abordaron el tema en la 37 FILAH, que tiene a Veracruz y Francia como invitados Consideraron que l…
En el marco de la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia (FILAH), que tiene a Veracruz y Francia como estado y país invitados, los historiadores Javier Pérez Siller y Gerardo Manuel Medina Reyes presentaron la ponencia "De ultramar a la costa del golfo de México: Rutas, raíces y legado de los franceses en Veracruz, siglo XVIII al XX". En ella, ambos investigadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) ofrecieron un análisis sobre las repercusiones de la presencia francesa en México desde la perspectiva de la mundialización.
Los académicos coincidieron en que, en tiempos de fragmentación, los estudios sobre migraciones, como los que forman parte del proyecto México-Francia: presencia, influencia, sensibilidad, demuestran que la movilidad de población es un fenómeno histórico que favorece los procesos civilizatorios. En este sentido, Veracruz es considerado un puerto clave para la interconexión del territorio mexicano con otras regiones del mundo, y en el caso particular de Francia, esta relación transformó la sociedad virreinal en una nacional y moderna.
Gerardo Medina, del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSyH) de la BUAP, explicó que el flujo de franceses hacia la Nueva España se vio favorecido con la llegada de la dinastía Borbón a la Corona española en 1700. No obstante, el flujo se volvió decisivo en el siglo XIX, tras la independencia y los debates sobre el régimen que guiaría a la nación mexicana.
El historiador señaló que en los años 1839, 1844, 1849 y 1850 se registraron picos de desembarques de entre 340 y 420 personas de origen francés en el puerto de Veracruz. Estas cifras coinciden con eventos como la expulsión de franceses durante la Guerra de los Pasteles y, una década después, con el enfrentamiento bélico entre México y Estados Unidos.
Medina Reyes destacó que en 1849, 366 franceses residían en Veracruz, lo que representaba el 20% de los 1,779 avecindados en todo México. La mayoría se concentraba en el puerto, Jicaltepec y Orizaba. Esta cifra aumentó durante el gobierno de Porfirio Díaz, entre 1886 y 1891, llegando a 385 personas, principalmente en la zona de Jicaltepec-San Rafael.
A mediados del siglo XIX, los migrantes crearon la Asociación Francesa y Suiza de Beneficencia, integrada por un centenar de personas dedicadas al comercio, incluyendo casas de préstamo, hoteles como la Gran Sociedad, tiendas minoristas, sastrería, repostería, cocina, zapatería y otros oficios, así como agricultores, maestros y médicos cirujanos.
Como caso de éxito, Medina citó a Emile Bancel, comerciante minorista que llegó a la Ciudad de México en la década de 1820 y luego se estableció en Orizaba, donde impulsó la fábrica de hilos y tejidos de Cocolapan, con el apoyo del político conservador Lucas Alamán y de Agustín y Próspero Legrand. Bancel también se convirtió en vicecónsul de la ciudad.
Otras familias prosperaron en la región, como los Audirac, Couttolenc y Rousset, quienes ampliaron sus negocios hasta Puebla. Los hermanos Rafael, Guillermo, Benito y Antonio Rousset incluso financiaron la causa revolucionaria en la zona.
Sobre las relaciones entre México y Francia, que cumplirán 200 años en 2026, Javier Pérez Siller explicó que desde 1808, Francia buscó frenar la expansión anglosajona y sustituir el liderazgo que España había dejado en sus antiguos virreinatos. Recordó que la Guerra de los Pasteles o Primera Intervención Francesa comenzó el 16 de abril de 1838 con el bloqueo del puerto de Veracruz y terminó casi un año después con la firma del Tratado de Paz entre ambos países.
Estas ambiciones se renovaron durante el Segundo Imperio, cuando el puerto de Veracruz fue protagonista de la llegada de Maximiliano de Habsburgo en mayo de 1864 y la partida de su cadáver en noviembre de 1867. Pérez Siller señaló que el Imperio aceleró la construcción del ferrocarril, lo que impulsó la modernidad que alcanzó su punto culminante en el porfiriato. En 1869 se inauguró el tramo Apizaco-Puebla, y en 1873, durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, se abrió la ruta Veracruz-Ciudad de México. Dos años más tarde se inauguró la ruta Veracruz-Xalapa.
Finalmente, el historiador mencionó que en 1892 abrió la Fábrica de Tejidos Río Blanco en Orizaba, considerada la más moderna de América Latina en ese tiempo. Se edificaron conjuntos habitacionales para administradores y obreros, quienes llegaron de distintas partes del país, dando origen a pueblos enteros como Santa Rosa, actualmente Ciudad Mendoza.
