México educa, pero no forma: el sistema que sigue operando sin garantizar resultados
Durante décadas, la escuela fue incuestionable. El espacio donde se accedía al conocimiento, donde se construía el futuro. Hoy, esa certeza empieza a resquebrajarse. No por una crisis visible, sino...
Durante décadas, la escuela fue incuestionable. El espacio donde se accedía al conocimiento, donde se construía el futuro. Hoy, esa certeza empieza a resquebrajarse.
No por una crisis visible, sino por algo más complejo: el sistema educativo sigue funcionando… pero sus resultados ya no sostienen su propósito.
Las cifras lo evidencian. En la evaluación PISA 2022, México obtuvo aproximadamente 395 puntos en matemáticas, 415 en lectura y 410 en ciencias, por debajo del promedio de la OCDE. Pero el dato más relevante no es la posición internacional, sino la base del sistema: más de la mitad de los estudiantes no alcanza niveles mínimos de competencia.
Es decir, el problema no está en la excelencia. Está en lo básico.
A pesar de ello, el sistema educativo mantiene su operación cotidiana: escuelas abiertas, ciclos escolares cumplidos, generaciones que egresan cada año. Desde fuera, nada parece indicar una crisis.
Pero esa normalidad es, precisamente, lo que preocupa.
Para el especialista en operación institucional y autor del modelo HIRA, Toshimi Hira, el problema no es de contenidos ni de tecnología, sino de diseño.
“El sistema sí opera, pero no necesariamente forma. Produce egresados, pero no garantiza capacidades”, señala.
Su diagnóstico es directo: la educación en México sigue estructurada para un mundo que dejó de existir.
Un mundo donde el conocimiento era escaso, donde la escuela concentraba la información y donde memorizar tenía valor práctico.
Ese entorno cambió. El sistema, no.
El punto de quiebre: la inteligencia artificial
La irrupción de la inteligencia artificial no creó el problema, pero sí lo hizo evidente.
Hoy, un estudiante puede acceder, resolver y producir información en segundos. Lo que antes justificaba horas de estudio, hoy puede automatizarse.
Esto plantea una pregunta incómoda: si la escuela ya no es necesaria para acceder al conocimiento, ¿cuál es su función?
Para Hira, el sistema no ha respondido.
“La inteligencia artificial elimina el valor central sobre el que estaba construido el modelo: el control del conocimiento. Entonces la pregunta cambia: ¿qué estás evaluando realmente?”, afirma.
La respuesta, en muchos casos, sigue siendo la misma: memoria, cumplimiento, repetición.
Discurso vs realidad
En el discurso educativo actual abundan conceptos como pensamiento crítico, autonomía y habilidades socioemocionales. Sin embargo, en la práctica, el sistema continúa operando bajo esquemas tradicionales.
Se promueve la autonomía, pero se penaliza la desviación.
Se habla de pensamiento crítico, pero se evalúa con exámenes estandarizados.
Se integra tecnología, pero sin rediseñar el modelo.
“Hay una incongruencia estructural entre lo que se dice y lo que se hace. Mientras eso no se corrija, nada cambia”, advierte Hira.
La dimensión que no se quiere discutir
Más allá del aula, el modelo educativo también enfrenta un problema institucional.
La estructura de las escuelas, la proporción de personal docente frente al administrativo, la viabilidad financiera y los sistemas de control interno son variables que impactan directamente en la calidad educativa, pero que rara vez se abordan en el debate público.
Según Hira, una institución donde menos del 50% del personal son docentes presenta un problema de burocratización que afecta su operación.
“Una escuela sin estructura no es un sistema. Y sin sistema, no hay formación”, sostiene.
La responsabilidad del sistema
El deterioro educativo no es un evento aislado. Es acumulativo.
En México, diversas decisiones en política educativa han reducido la capacidad del sistema para evaluarse y corregirse: debilitamiento de mecanismos de evaluación, eliminación de contrapesos técnicos y cambios curriculares sin control efectivo de implementación.
El resultado es un sistema que opera, pero que mide menos, corrige menos y exige menos.
“Un sistema que deja de medirse deja de mejorar”, afirma Hira.
Un sistema que puede seguir… sin cambiar
A diferencia de otras crisis, la educativa no necesariamente colapsa.
Puede sostenerse durante años. Puede seguir certificando alumnos. Puede mantener la apariencia de normalidad.
Ese es, quizá, el mayor riesgo.
“El sistema puede seguir funcionando décadas sin transformarse, pero cada vez será menos relevante”, advierte.
¿Rediseñar o resistir?
Frente a este escenario, la discusión de fondo ya no es pedagógica. Es estructural.
¿Está el sistema educativo dispuesto a rediseñarse para un entorno donde el conocimiento ya no es escaso?
¿O seguirá operando bajo una lógica que el contexto ya superó?
La respuesta no es inmediata. Pero sus consecuencias sí serán inevitables.
Porque en un entorno donde la información dejó de ser el valor central, la educación que no forme capacidades reales no desaparece de golpe.
Se vuelve irrelevante.
Perfil
Toshimi Hira es especialista en operación institucional y diseño de sistemas educativos, con más de veinte años de experiencia en dirección y desarrollo organizacional en México y Estados Unidos. Es autor de la trilogía del modelo HIRA (Humanidad, Inteligencia, Responsabilidad, Acción), centrada en la transformación operativa del sistema educativo contemporáneo.
