El viejo Trump vs. el nuevo Trump
Lo dijo el líder moral del movimiento: sólo saldría de su retiro si existía un ataque directo contra la presidenta, si la soberanía nacional estuviera en riesgo o si hubiera un atentado contra la...
Lo dijo el líder moral del movimiento: sólo saldría de su retiro si existía un ataque directo contra la presidenta, si la soberanía nacional estuviera en riesgo o si hubiera un atentado contra la democracia. Pues bien, López Obrador consideró que ese momento había llegado. El expresidente salió de su retiro a través de una carta, al considerar que la soberanía está en riesgo después de que el gobierno de Estados Unidos acusara al gobernador Rubén Rocha por presuntos vínculos con el crimen organizado y de que, en días recientes, surgieran versiones sobre posibles acusaciones contra otros dos gobernadores de Morena.
En la carta difundida por el expresidente, se advierte una preocupación central: lo que considera una embestida de Estados Unidos contra México bajo el argumento del combate a la migración irregular y al narcotráfico. Pero más allá de la denuncia, lo que parece sorprenderle es el cambio de actitud de Donald Trump. López Obrador sostiene que durante su gobierno logró construir una relación de diálogo y entendimiento con el entonces mandatario estadounidense, una relación que permitió resolver conflictos y alcanzar acuerdos beneficiosos para ambas naciones.
En su narrativa aparece constantemente el recuerdo del “viejo Trump”, aquel personaje que, según López Obrador, podía ser persuadido mediante el diálogo político. Lo recuerda como el presidente al que convenció de no clasificar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas.
La relación, según el expresidente, fue tan estrecha que incluso permitió que en el caso del general Salvador Cienfuegos el gobierno estadounidense desistiera de juzgarlo en su territorio y aceptara que enfrentara el proceso en México.
Por ello, López Obrador descarta que el problema actual radique en una falta de capacidad de la presidenta Sheinbaum para construir puentes con Washington. Incluso rechaza algunas explicaciones comunes sobre el endurecimiento de Trump. No considera que se trate de un mandatario liberado de restricciones por encontrarse en su último periodo presidencial, ni cree que exista una provocación proveniente del gobierno mexicano. Por el contrario, insiste en que Sheinbaum ha actuado con prudencia, responsabilidad y respeto en su trato con el presidente estadounidense.
La respuesta que ofrece López Obrador es sencilla: el problema no es Trump, sino quienes lo rodean. Según el expresidente, el mandatario estadounidense ya no ejerce el liderazgo de manera directa como lo hacía antes y depende cada vez más de asesores a quienes describe como inexpertos, resentidos y fanáticos. En sus palabras, son personajes que no poseen la experiencia ni la visión de auténticos hombres de Estado y que han contribuido a deteriorar la relación bilateral.
La presidenta Sheinbaum recibió positivamente la carta. Durante una de sus conferencias matutinas calificó el documento como “buenísimo”, afirmó que generaba un debate necesario y respaldó varios de los argumentos planteados por López Obrador.
De hecho, después del duro discurso pronunciado por la presidenta en el Monumento a la Revolución, su postura se matizó. En los días posteriores señaló que los ataques contra México no provienen directamente de Donald Trump, sino de sectores de la extrema derecha estadounidense, aunque sin precisar con claridad a qué grupos o actores se refería.
Vistas en conjunto, las declaraciones de ambos líderes revelan una estrategia política clara. El gobierno mexicano busca interpretar las presiones provenientes de Washington como parte de una dinámica electoral interna de Estados Unidos. La hipótesis es que la administración Trump pretende colocar en el centro del debate temas como la migración, el narcotráfico y la seguridad fronteriza con miras a fortalecer posiciones rumbo a las elecciones legislativas de noviembre.
La apuesta parece consistir en ganar tiempo. El cálculo político es que, una vez superadas las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre, la intensidad de las presiones disminuirá y Trump enfrentará un escenario político más complejo, con menos margen de maniobra y más cerca del final de su mandato.
No obstante, esa estrategia también implica riesgos. Si Estados Unidos decide mantener o incluso incrementar la presión sobre funcionarios mexicanos señalados por presuntos vínculos con organizaciones criminales, el escenario podría complicarse considerablemente.
Al final, tanto el discurso de Sheinbaum como el de López Obrador parecen dirigidos principalmente a su base política. Sin embargo, el problema de fondo permanece sin resolverse. Mientras Estados Unidos insiste en la cooperación bilateral para combatir al crimen organizado y apela a los mecanismos de extradición establecidos en los tratados internacionales, el gobierno mexicano enfrenta crecientes cuestionamientos sobre su disposición para investigar y sancionar a funcionarios vinculados con organizaciones criminales.
Iván Arrazola es analista político y colaborador de Integridad Ciudadana A.C. @ivarrcor @integridad_AC
