Se abre una puerta: fuera Arriaga, ahora a corregir los libros
Hoy sí lo digo sin rodeos: celebro la salida de Marx Arriaga de la dirección de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública. No lo celebro por deporte político, ni por “linchamiento”...
Hoy sí lo digo sin rodeos: celebro la salida de Marx Arriaga de la dirección de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública.
No lo celebro por deporte político, ni por “linchamiento” mediático. Lo celebro porque, por fin, se abre una posibilidad real de corregir el daño que dejaron los Libros de Texto de la llamada “Nueva Escuela Mexicana”: un golpe simultáneo a la calidad académica, al sentido común pedagógico y —sí— a la neutralidad que exige la educación laica.
1) ¿Qué pasó con su destitución?
La SEP oficialmente negó que hubiera “desalojo” y explicó que la plaza de la Dirección General de Materiales Educativos tendría un cambio de naturaleza (a “libre designación”) desde el 15 de febrero de 2026, para hacer un nuevo nombramiento.
Esa explicación administrativa podrá gustar o no, pero el fondo es claro: su ciclo terminó, y era necesario.
2) Su propia confesión: “me pidieron cambiar los libros… y me negué”
Aquí está el punto que retrata el problema: él mismo reconoció públicamente que recibió oficios para hacer cambios a los Libros de Texto y que se negó. En sus palabras:
“…se le han enviado diversos oficios demandando cambios de los Libros de Texto Gratuitos, a lo cual, dijo, ‘me negué…’”
Perfecto. Entonces hoy yo respondo lo que millones piensan: ojalá que sí querían cambiar los libros. Ojalá que esa intención sea real y que, con su salida, por fin se corrijan. Porque si alguien se atrincheró en la soberbia ideológica y en la terquedad burocrática, fue precisamente quien dirigía los materiales.
3) La educación es laica: no debe ser propaganda, ni “anti-cristiana”, ni pro-rituales
Aclaro algo con precisión: laicidad no significa hostilidad contra la fe. Laicidad significa neutralidad del Estado: no imponer credo, no adoctrinar, no convertir el aula en templo de ninguna religión… pero tampoco en laboratorio para normalizar prácticas espirituales o rituales como si fueran “cualquier cosa”.
Y aquí está lo grave: no hablamos de “estudiar culturas” (eso es válido). Hablamos de cómo se presentan ciertos contenidos.
Ejemplo 1 (primaria): “Bolas de fuego”
En un libro de “Múltiples Lenguajes” aparece un texto que describe “bolas de fuego” como “brujas”, incluye elementos como crucifijos “al revés” y rezos/palabras “de atrás para adelante”. No es “análisis antropológico”; es una narrativa que coquetea con lo ocultista y lo presenta sin un marco crítico robusto.
Ejemplo 2 (secundaria): “Mitch” y el ritual con sangre
En “Múltiples Lenguajes” de tercer grado de secundaria, la propia descripción de viñetas incluye una frase que a cualquier padre le eriza la piel:
“Sólo tuve que conseguir un cráneo de un animal, un poco de mi sangre, como en cualquier ritual…”
Ahí está: cráneo + sangre + “como en cualquier ritual”. Y no, no es una exageración: está textual en el material accesible del libro.
¿De verdad alguien piensa que esto es pertinente para un sistema educativo que debería estar urgido por mejorar comprensión lectora, pensamiento lógico, operaciones básicas, redacción, análisis…? ¿De verdad ese es el enfoque prioritario?
Cuando en un país el rezago académico es brutal, meter “rituales con sangre” como contenido escolar no es vanguardia: es extravío.
4) Pedagógicamente insuficiente… y con errores que dejaron marca
Además del debate ideológico, hubo un tema que no se puede maquillar: la calidad.
Desde 2023 se documentaron señalamientos por errores, omisiones y fallas de contenido en los libros; el propio Arriaga llegó a minimizarlo hablando de “áreas de oportunidad”.
Y mientras en el discurso se vendía “transformación”, en la realidad el país arrastra resultados durísimos en lo básico. En PISA 2022 (OCDE), México aparece por debajo del promedio OCDE en matemáticas y lectura; y los resultados 2022 cayeron respecto a 2018 en matemáticas y ciencias.
Esto no se arregla con slogans. Se arregla con método, rigor y contenidos sólidos.
5) El costo de oportunidad: una generación y el tiempo perdido
Lo más doloroso es esto: una generación ya fue tocada por una mezcla peligrosa de pobre contenido, errores y prioridades torcidas. Y en materias cruciales —matemáticas y español— el sistema no puede darse el lujo de “experimentar” con ocurrencias.
Pero todavía estamos a tiempo de corregir. No mañana. Hoy.
6) Qué debería pasar ahora (si de verdad quieren corregir)
Si la salida de Arriaga va en serio, no basta el cambio de nombre en la puerta. Hay que hacer cirugía mayor:
- Fe de erratas pública y trazable, con versión, fecha y cambio específico (como se hace en publicaciones serias).
- Revisión pedagógica externa (docentes de aula + especialistas en didáctica + editores profesionales).
- Blindaje de contenidos: cultura sí, historia sí, cosmovisiones sí… pero sin normalizar rituales ni convertir la escuela en plataforma de agendas.
- Regreso al núcleo duro: lectura, escritura, matemáticas, ciencias, pensamiento crítico real (no panfleto).
- Evaluación: lo que no se mide se romantiza. Y ya romantizaron demasiado.
Hoy celebro la separación de su cargo porque, aunque tarde, se reconoce un error: poner a un hombre así al mando de los materiales educativos fue una apuesta riesgosa y costosa.
Ahora que se fue, la pregunta es una sola: ¿tendrán la estatura para corregir los libros y admitir lo evidente?
Ojalá que sí. Porque la educación de México no es un experimento ideológico. Es el futuro de nuestros hijos.
-Víctor Hugo Martínez

