Programa Pescando Vida impulsa acuacultura familiar en comunidades ribereñas de Jonuta, Tabasco
Una docena de casas coloridas, plantas, flores y patios limpios sobresale en la ribera del río Chico, apenas se cruza un puente. También se miran flotar las do…
En la ribera del río Chico, en el municipio de Jonuta, Tabasco, una docena de casas coloridas con patios limpios contrasta con las decenas de jaulas flotantes donde familias practican la acuacultura desde el año pasado. Esta actividad forma parte del programa Pescando Vida, iniciativa gubernamental creada al inicio de la administración del gobernador Javier May Rodríguez.
Doña Laura Josefina Salvador Pascual, beneficiaria del programa, recuerda las dificultades económicas previas: "No había trabajo. Nadie daba trabajo. Y en el rancho de por sí se sufre mucho. Hubo una temporada en que no hubo trabajo, ¿y de dónde íbamos a agarrar para la comida?". Como muchas familias sin tierras de cultivo, estaban excluidas de programas anteriores.
El programa proporciona alimento para tilapias que se distribuye en camionetas por toda la ribera. Doña Laura participa con 19 vecinos en la Comunidad de Aprendizaje Acuícola "Tilapia de 4T", donde cada grupo cuenta con un técnico que enseña y trabaja con ellos en sus jaulas. "Nosotros no lo creíamos en realidad porque anteriormente venían los políticos y te prometían, mas no cumplían", reconoce.
Los beneficios son tangibles: además del apoyo mensual, las familias tienen acceso directo a alimento y pueden comercializar el excedente. "Aparte de que nos dan un apoyo mensual, el pescado sigue creciendo y tenemos ya un plato para comer a la mesa, que antes no había. Hoy digo con mi familia que podemos comer, nada más bajamos al río y sacamos el pescado. Y otra parte lo vendemos", afirma doña Laura.
Doña Lucía López Pérez, otra participante de la misma comunidad, expresa su satisfacción mientras muestra dos jaulas que aún no ha metido al río. "Jamás nunca nadie me había hecho este regalo. Sería una tristeza que yo deje acabar este mobiliario, que es dinero y lo deje podrir. Yo voy a trabajar hasta el final", comenta apoyada en un bastón de guásimo.
Diariamente, doña Lucía baja al río Chico para transformar alevines en tilapias de hasta un kilo, que vende al menudeo en el mercado de Jonuta o desde su casa, además de consumirlas con su familia. Ayudada por su hija, yerno o nieto, se acerca en cayuco a las jaulas para alimentar a los peces.
Ambas mujeres destacan la importancia del aprendizaje técnico recibido. "Pensamos que no se iba a dar porque no sabíamos, ni lo habíamos hecho, pero gracias al técnico ahorita sí ya sabemos cómo es y de qué tamañitos y cómo hacerle para que lleguen a ser grandes", explica doña Laura. El programa ha permitido que se reconozcan como pescadoras capaces y emprendedoras.
Doña Lucía remarca que los valores del trabajo y el apoyo familiar los aprendió en casa, pero agradece la oportunidad actual: "Que Dios cuide al Gobernador y todos los que hicieron posible este programa para que yo tenga hoy una mejor forma de vivir, ya no lavando ropa, ni viendo a veces caras, sino que aquí tengo para que siga trabajando, dignamente".
