Análisis de huesos en colección del INAH revela condiciones climáticas del surgimiento del maíz en Tehuacán
A partir de huesos de conejos y venados, se determinó que la primera planta se desarrolló gracias a un clima excepcionalmente húmedo El análisis, realizado por…
Un estudio basado en el análisis de huesos de la colección arqueozoológica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha proporcionado nueva evidencia sobre las condiciones ambientales que rodearon la aparición y desarrollo temprano del maíz en el Valle de Tehuacán, Puebla. La investigación, liderada por el antropólogo Andrew D. Somerville de la Universidad Estatal de Iowa y publicada en la revista Science Advances, utilizó datos isotópicos de aproximadamente 180 huesos de venados y conejos para reconstruir el paleoambiente de la región.
El análisis determinó que el primer maíz en esta zona, datado alrededor de 5,400 años antes del presente durante el Holoceno Medio, se desarrolló en un período caracterizado por un clima excepcionalmente húmedo, con abundantes lluvias y un entorno rico en vegetación. Según Somerville, esta ventana climática húmeda fue crucial para que una forma primitiva y parcialmente domesticada del maíz, intermedia entre el teosinte silvestre y la planta actual, pudiera establecerse en las tierras altas del valle, un ambiente al que el teosinte original no estaba bien adaptado.
En ese momento, los grupos humanos en la región aún dependían principalmente de la caza y la recolección, incorporando el maíz como un componente menor de su dieta. El estudio sugiere que la posterior intensificación de la agricultura también estuvo correlacionada con condiciones climáticas específicas. La investigación se llevó a cabo en el Laboratorio de Isótopos Estables del Instituto de Geología de la UNAM, donde se extrajo polvo óseo para realizar análisis mediante espectrometría de masas. Esta técnica permitió inferir la dieta de los herbívoros y, por extensión, la composición vegetal del medioambiente antiguo.
Los huesos analizados provienen de excavaciones arqueológicas realizadas entre 1961 y 1964 en diez sitios del Valle de Tehuacán por investigadores como Richard MacNeish y Ángel García Cook. La muestra abarca un intervalo de 10,000 años, desde finales del Pleistoceno hasta la llegada de los españoles. Joaquín Arroyo Cabrales, jefe del Laboratorio de Arqueozoología del INAH, explicó que se seleccionaron venados y conejos porque son herbívoros con un rango geográfico amplio y una vida útil mayor a un año, lo que permite que los valores químicos en sus huesos reflejen un promedio climático regional más representativo que el de animales de vida más corta, como los roedores.
Arroyo Cabrales destacó la importancia fundamental de conservar colecciones científicas como ésta, ya que los avances tecnológicos futuros podrán extraer aún más información sobre el clima y la fauna del pasado. El proyecto, iniciado en 2018, contó con apoyo financiero de una beca posdoctoral UC MEXUS-CONACYT, la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos y The Wenner-Gren Foundation.
